No me dejes hablar,
no me dejes decir,
no escuches mi voz.
Los poetas son
grandes mentirosos
y mi alma quiere anclar allí
como si fuera un destino.
El mundo de lo intangible
toca mi interior
con la fuerza del viento del Sur,
aquel que vio crecer
el árbol de mi infancia.
Es entonces que las palabras
revolotean como mariposas
sobre el día y la noche;
y una magia silenciosa
extiende un poema
que nadie advierte,
pasa a mi lado,
susurra su canción de otoño.
El mundo se ha vuelto inestable,
tu corazón, mi corazón,
esa cajita de música
que atesoramos con tanta furia,
encuentra sus raíces
en lo profundo del mar.






