Perdón, Señor, nunca he sido feliz mi vida ha sido una pausa de angustia entre dos poemas Perdido en el bosque del tiempo no supe hallar el camino de regreso Jamás pude dar con la cifra perfecta ese oro destellando entre la escoria
Por eso Señor, no me busques mañana en esta casa vacía después de la huida de la Luna ni en las últimas estrellas me busques que flotan sobre el río como diademas de una reina antigua ni en la huella que en los roquedos se pierde me busques -pues ya no soy y acaso nunca he sido más que una sombra en el mundo
Perdón, Señor, porque bien sé lo que hago
Tilgiv mig, Herre
Tilgiv mig, Herre; jeg har aldrig været lykkelig. Mit liv har været en pause af angst mellem to digte Fortabt i tidens skov, kunne jeg ikke finde vej tilbage Aldrig fandt jeg det perfekte antal - det skinnende guld midt i slaggerne
Så, Herre, led ikke efter mig i morgen i dette tomme hus efter Månens flugt; led ikke efter mig blandt de sidste stjerner der flyder på floden som diademerne på en gammel dronning led ikke efter mig i det spor, der forsvinder ind i de klippefremspring - for jeg er ikke længere, og har måske aldrig været, andet end en skygge i verden
Tilgiv mig, Herre, for jeg ved udmærket, hvad jeg gør
Gracias por su carta —tan sincera. Gracias por estrecharme la mano —yo estrecho la suya.
Lo que me está pasando, perdóneme por volver a mencionarlo, es, créame, bastante único en su género. La poesía, como bien sabe, no existe sin el poeta, sin su persona —sin la persona—, y, verá, la mafia, la de la derecha y la de «izquierda», ha sabido unirse para aniquilarme. Ya no puedo publicar —han sabido aislarme, una vez más.
A ustedes —los exilian al país de los antiguos, pero les queda su verdadero país; en cuanto a mí, me redistribuyen y luego se divierten lapidándome con los pedazos de mi yo. No le sorprenderá que les diga que los primeros en haber «descubierto» esto son los pseudopoetas. Hay muchos entre nuestros «amigos» comunes, René Char. Muchos. —Desconfíe de quienes lo imitan, René Char. (Sé bien lo que digo, ay.)
Desde su nulidad, lo consideran una fuente de imágenes que suman para crearse una apariencia; no lo reflejan en absoluto; lo oscurecen.
Verás, siempre he tratado de comprenderte, de responderte, de apretar tu palabra como se aprieta una mano; y era, por supuesto, mi mano la que apretaba la tuya, allí donde estaba segura de no fallar el encuentro. En cuanto a lo que, en tu obra, no se abría —o no aún— a mi comprensión, yo respondí con respeto y con espera: nunca se puede pretender comprenderlo por completo —: eso sería una falta de respeto ante lo Desconocido que habita —o viene a habitar— al poeta; sería olvidar que la poesía se respira; olvidar que la poesía te aspira. (Pero ese aliento, ese ritmo —¿de dónde nos viene?) El pensamiento —mudo—, y es de nuevo la palabra quien organiza esa respiración; crítico (el pensamiento), se aglomera en los intervalos: discierne, no juzga; se decide; elige: conserva su simpatía —obedece a la simpatía.
Pero permíteme volver sobre mis pasos: me dices que has sabido crear el vacío en el que se precipitan y se matan tus enemigos —me alegro de verte tan fuerte, tan fortalecido. En cuanto a mi propio vacío, en cuanto al vacío que se ha sabido crear a mi alrededor, lo veo... generador de toda una raza de criaturas que no sabría nombrar. Y estas criaturas, las veo muy fértiles: se multiplican y se multiplican de nuevo; pues la Mentira sabe perpetuarse gracias a las «ninfetas» o, si no, por escisión.
Errancia, Exilio del Humano: de lo Verdadero... (Conozco a quienes le citan a St-John Perse y a su poeta “bilingüe” —: ahí, otra vez, creen poder procurarse un argumento para su vil duplicidad...) ¡Ah, esa capa de nieve de la que me hablan! Durante mucho tiempo la tuve. Pero la convertí en el mantel que mi esposa ponía sobre nuestra mesa —bien redonda— para acoger... ¡tantas encarnaciones del barro!
Recordamos tu primera visita, René Char, tu palabra inscrita en tu libro. Las hierbas se enderezan. El Corazón de la Segunda Olímpica está entre ellas, así como su arco.
ℙ𝕒𝕦𝕝 ℂ𝕖𝕝𝕒𝕟
Como ocurre con la mayor parte de la correspondencia de Celan, esta carta a R. Char es un archivo a descifrar. Mi agradecimiento a Lab De Poesía por este rescate.
Hay , sin embargo, algunas cuestiones -alusiones -, cuyo hilo puede seguirse. En primer lugar, la frase:
"(...) y, verá, la mafia, la de la derecha y la de «izquierda», ha sabido unirse para aniquilarme. Ya no puedo publicar —han sabido aislarme, una vez más. ", entiende uno se refiera a la incomprensión ante su obra y a algunas duras críticas recibidas por la citica literatura alemana -en forma señalada, de Johannes Bobrowski y a su lugar incomodo dentro del Grupo 47 -a excepción de Güunter Grass, quien lo llamaba "el amigo difícil", Todo y a pesar del Premio Geprg Büchner (1960). por supuesto de Ingeborg Bachmann, y de Hans Magnus Ensenzberger.
Por otro lado, cuando Celan escribe:
“No le sorprenderá que les diga que los primeros en haber «descubierto» esto son los pseudopoetas. Hay muchos entre nuestros «amigos» comunes, René Char. Muchos. —Desconfíe de quienes lo imitan, René Char. Sé bien lo que digo, ay.)” muy posiblemente la frase final aluda a la denuncia por plagio entablada en su contra por plagio por Claire Goll, pretendiendo que el gran poeta rumano habría plagiado a su marido, Yves Goll (m.) 1950. No conforme con lo cual, C. Goll inicia una campaña para desprestigiar públicamente a Celan.
Supuestamente, el matrimonio Celan y el matrimonio Goll eran "amigos" (¿???), e incluso Celan se había alojado en casa de los Goll.
Por otra parte, Claire Goll omite toda referencia a la denuncia en sus memorias.
En cuanto a este párrafo: "En cuanto a lo que, en tu obra, no se abría —o no aún— a mi comprensión, yo respondí con respeto y con espera: nunca se puede pretender comprenderlo por completo —: eso sería una falta de respeto ante lo Desconocido que habita —o viene a habitar— al poeta; sería olvidar que la poesía se respira; olvidar que la poesía te aspira. (Pero ese aliento, ese ritmo —¿de dónde nos viene?) El pensamiento —mudo—, y es de nuevo la palabra quien organiza esa respiración", refleja un aspecto esencial del altísimo pensador de lo poético que fuera -que es- Paul Celan, al abordar la intimidad de la relación entre la palabra del poema y la respiración. Pensar poetizante que cristaliza en Atemwende/ Cambio de aliento, publicado en 1967, cinco años después de esta carta; que ya como pórtico de entrada al poemario, nos remite a la metáfora del antiguo atleta griego -pensemos no solo en las Olimpiadas, sino en aquel lejano y tan cercano Esténtor-; y asimismo a los antiguos textos védicos: Atma Tattva (sánscrito: आत्मतत्त्व): "la verdad del ser"). Pues… ¿ Qué otra cosa expresa el poema?
Alex Drewes
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Referencias
Jean Bollack. Poesía contra poesía. Celan y la literatura. Madrid, Editorial Trotta, S.A., 2005.
Helmut Böttiger. Die Gruppe 47. Als die deutsche Literatur Geschichte schrieb. Deutsche Verlags-Anstalt München 2012.
“La semilla del pensar de milenios recojo aquí/ de los griegos arcaicos y antes/ desde las hondas cavernas pintadas/ a golpe de antorchas en el fondo del tiempo:/ Lascaux, Altamira/ pues nada de esto es mío, no me pertenece. / Porque voy de la noche a la noche, /y pude intuir apenas en cada poema, / en cada verso, la sombra esquiva/ el inaudito límite/ de las formas eternas.”
AD
I
La poesía oscila entre el llano desolado de la falta y el gesto de melancolía. Y en cada segmento de arco del péndulo, acechando, la locura, frente a un mundo demasiado cuerdo.
II
La poesía jamás es mostrenca, sino una sutil y borrosa dama velada, entrevista en el delirio de la fiebre, siempre al otro lado de la vida.
III.
Ella es como la flecha del Arquero que nunca dispara. Así en la antigua parábola budista, y su eco en cierto sublime poema de Enckell.
IV.
Es la huella rumbo al mar de unas sandalias de Lidia que reflejaron un día nefasto los ojos de Safo. Y Castoriadis y Tate siglos y siglos después, soñando quizás en aquellos ojos de Safo, en la ignota voz de la Musa.
V.
Es, por supuesto, siempre el rosado extremo del pie delicado de Eurídice -la parte por el todo, en su eterno hundirse en la Sombra-
VI.
Es -nuevamente -, el dolor que petrifica el umbral -Heidegger sobre Trakl - El incesto con las palabras, la violación de la ley de los dioses. Y su castigo es, tras el silencio al fin del poema
VII.
Es el poso impalpable que queda después de una traducción, lo que deja fuera para siempre la lengua materna. Lítost.
Pero la memoria guarda aún el vuelo del séptimo velo de luna en otoño flotando sobre el estanque
el viento aquel y las flores de loto, la sombra de una página ardiendo tenaz bajo los vastos incendios de Alejandría, la huella de pasos que va cubriendo lentamente la nevada en Herisau, el oscuro bosque donde una muchacha se ha perdido para siempre
la vasta heredad de un mar del que han huido las sirenas
el humo de las fogatas al límite del invierno
esta borrasca que inunda los ojos –acaso niebla que evoca pinares últimos-
Al confín del Imperio arrojado por hados oscuros como las aguas de este mar helado, viejo y cansado ya del viaje, doblemente extranjero entre la nieve perpetua y las marismas de Tracia, por el antiguo castigo griego signado, por la tormenta salvaje de la Historia con otros arrastrado como el viento del invierno arrastra de pronto tiendas y hojas yo, Publio Ovidio Nasón, a la orilla de la noche eterna, declaro: que no todo ha sido en vano, ni esta larga errancia, ni las misivas inútiles a Roma ni este coro de lobos aullando a la luna de octubre, ni el haber bebido tantos años con enemigos y tontos Ni Julia en sus devaneos ni aquellas cortesanas en su oficio milenario ni las escaramuzas de legiones que en borrosas fronteras acamparan y en tardes baldías sacudieron el quieto polvo de la Pax Augusta -nada de eso fue en vano Digo que en plena galerna siempre algo hay que tenaz se resiste a desaparecer, algo que en invisible cofre de oro del grave estrago del tiempo salva para siempre el poema
Yo que tampoco he sabido de otro mundo mejor ni alcanzar tus palabras la cima entre nubes heladas que mata incluso los ecos
y aún camina tu sombra por la augusta vereda de Roma. De frente al camino de todas las devastaciones vestida de negro te fuiste
tan lejos, hermana. Y era densa la red de la noche, era el cáliz de la Historia lo que bebiste. Se desliza la patria como un desgarrón bajo el viento de las constelaciones:
como dar otro paso contigo a ese oculto lugar del Silencio
Inzwischen, seh’ ich die Ort deines Todes: in gebranntem Haus. Erst dann war es möglich für dich, deine Ruh‘ auf Erden zu finden?
Una vez más el espanto se ha aliado a las patrullas, a las sirenas, a la guerra.
Y llegan impostores, discursos con voces que siembran el terror, la pesadilla, el llanto; la fugitiva sombra de lo atroz, el rumor penetrante.
Y no hay elección ante los gritos, el dolor o la mirada. Sólo oquedad.
Y, sin embargo, nadie está solo en la agonía y el pánico. Entonces retumban los disparos, la orfandad, otro siglo con odio. Una vez más el animal acosado.
La herida es la iniquidad de la esperanza.
Carlos Penelas Buenos Aires, 27 de febrero de 2022