Durante el último julio en Madrid en un taller, conocí la palabra centón, del griego, mixtura, retazos de una sola manta.
Al regreso, me emociona encontrar el trabajo "Pasos de Esgrima" de voces compañeras del pasado -Karina Lerman y Alejandra Boero- presente interior, puesto que presiento la voz de ellas en mi voz: me descubro al oírlas, encuentro mis palabras en las suyas.
La ausencia es mi ausencia, el duelo nuestro duelo imposible.
Prometí una devolución también imposible.
Todos teníamos nuestro Javier.
Ha tomado nuestra palabra, nuestro poema enlazado en sus poemas.
Cómo olvidar. No me resisto. Hemos sido tocados y fuimos escritos.
Y sucede que también como él dijo, tal vez el poema sea la sumatoria de voces, la trama de todos los poemas.
Como diferenciar de quién es la voz, se enlazan, costura, mixtura.
Me regocijo en el centón, por su intermedio desato las voces compañeras; él quería morir “en otros”. Vaya si lo hizo.
Aún estamos aquí.
PASO DE ESGRIMA
Alejandra Boero
Karina Lerman
Julio 2022- Julio 2023
Collage de Alejandra Boero y Karina Lerman.
Los sueños son efímeros, la eternidad se dice siempre con palabras
A.M.
Recitemos, amiga, ante las ruinas de lo sagrado.
Todo resuena y se quiebra bajo los pies.
La huella se decanta hasta despersonalizarse.
¡Oh Bartleby, oh humanidad!
En esta tierra baldía aprendemos de lo efímero. La letra es inestable en su caligrafía, su sustancia.
Desde que te fuiste, el reparto de panes y peces es desigual. Los cántaros ya no van a la fuente.
Los pequeños secretos están aún lúcidos en nosotras, y hay una bandera que flamea en el interior de cada corazón.
Tu partida, es una forma del exilio de la ausencia.
Molinos de viento que se van deshilando al tocar lo real.
Esta cruel pasión de siglo es acaso, aquello que nos atrae hacia el abismo.
He pensado dibujar con palabras
ese mar sostenido que daba
contra las piedras:
grandeza y miseria.
¿Qué fue de la palabra sino
entreabrir
al tajo de las sílabas: esta ciudad
con esa hambre?
Desde la difusa apariencia de la imposibilidad: escribo.
Mi delirio abre grietas en la forma
y hay una ruptura en la linealidad del lenguaje.
Hebra a hebra deshilamos cada nota.
Nos será dado abandonarnos por igual en el júbilo y en la tristeza.
Hacer de nosotras mientras escribimos.
Decir de mí un (des)velo que se triza y se pliega.
Pero es la piel, allí, la que sangra.
Los vientos de lo Real hacen síntoma.
Este ir hacia-abajo es una salvaje corona que florece
PC
A veces me pregunto
¿de cuántas personas estaremos dando testimonio
al tener el deseo y la palabra?
No tenemos defensa ante lo que amamos.
JG
En la incesante llovizna del viernes sentí esa tibieza propia de cuando se rescata una voz. Abrí el libro al azar y leí:
¿Cuál es el momento en que un cuerpo amado
entra en el pasado? ¿Cuándo perdemos gravedad
de una voz, magnitud de una caricia?
J. G
Collage de Alejandra Boero
A UNA AUSENCIA
Vuelvo a trazar el mapa de la llanura.
Me esmero en despejar
sus límites,
en dibujar el horizonte.
Pierdo las coordenadas.
Necesito confiar en los recuerdos.
Hago pie en tu memoria.
Quien sabe caminar cruza caminos
Somos el libro que se abre en las preguntas.
Somos el rostro de la página que falta.
Escribiste: «Continuará».
Leo: «Nada de lo posible nos fue negado».
Somos la vida que no se detiene ante la muerte.
Como una pintura nos iremos borrando
Netzahualcóyotl
Allí donde el camino se abre
los pasos se suceden.
Miro las huellas en mi cuerpo,
en el tuyo.
El viento sopla y trae briznas de hibisco
¿Cuál es el momento en que un cuerpo libidinizado se
hace pretérito imperfecto? cómo se apaga el calor de ese
otro temblar hasta ser un recuerdo vago, impreciso,
inlocalizable?
J.G.
Como si hubiera sido que la muerte, o el duelo, o el interior del alma me llevara a un tiempo sin lenguaje: invisible
Hay que cavar la distancia entre el acontecimiento y el lenguaje para saberse intruso.
Y arrojarlo al fuego
Como un largo rodeo de la ausencia absoluta.
Como un poema
limitado para cantar a la muerte
‘siempre que determinada cantidad de energía desaparece en un lugar,
una cantidad equivalente debe aparecer en otro espacio del mismo sistema’.
Ignoro la veracidad de este enunciado, pero no nos es concedido saber qué retorna,
cómo, cuándo, dónde o en quién. Si me fuera dado elegir,
yo preferiría que ese caudal de energía volviera en algo que hiciera temblar mi ‘sitio’
JG
Collage de Karina Lerman.
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En menos de veinticuatro horas, entre el lunes 25 y el martes 26 de julio de 2022, los poetas Alejandro Michel y Javier Galarza nos sumieron en la tristeza, el dolor, en la pérdida y en el camino hacia un arduo trabajo: el del duelo.Alejandro es el amor; Javier, el amigo y maestro
Alejandra Boero
Centón: Wikipedia Un centón es una pieza literaria compuesta de frases y fragmentos ajenos. Puede ser en verso o en prosa. Proviene del griego κέντρων ("capisayo formado por retales o trozos remendones de otras desechadas de distinta procedencia"). Tiene finalidad paródica o de homenaje al autor o autores en que se basa.
La muerte es una flor que florece una vez sola. Pero así como florece, nada más florece ella. Florece cuando quiere, no florece en el tiempo. Una gran mariposa viene a adornar tallos temblorosos. Déjame ser un tallo tan fuerte que la alegre .... DerTod Für Yvan Goll/ Der Tod ist eine Blume, die blüht ein einzig Mal. Doch so er blüht, blüht nichts ais er. Er blüht, sobald er will, er blüht nicht in der Zeit. Er kommt, ein groSer Falter, der schwanke Stengel schmückt.
Du lafi mich sein ein Stengel, so stark, dais er ihn freut. 3/6/19
No veo ninguna diferencia entre un apretón de manos
y un poema" Paul Celan
Hace exactamente veinte años, en el número de marzo/abril de 2002 de Russian Life , describimos al actor Chulpan Khamatova como uno de nuestros 100 jóvenes rusos a seguir. El artículo se centró en su trabajo como actriz, pero tres años más tarde, en 2005, ella y un colega fundaron Gift of Life (enlace a la filial estadounidense), una organización sin fines de lucro destinada a ayudar a los niños rusos que padecen cáncer. Fue una de las primeras organizaciones sin fines de lucro exitosas en Rusia y cambió la trayectoria de la carrera de Khamatova, dándole una prominencia social aún mayor.
En 2012, Khamatova apoyó la campaña de reelección del presidente Vladimir Putin, supuestamente bajo coacción, por temor a las repercusiones en Gift of Life si no lo hacía. Más tarde dijo que no habría apoyado a Putin si hubiera sabido lo que tenía reservado para Donbass.
Este año, tras la invasión rusa de Ucrania, Khamatova tomó la difícil decisión personal de huir de Rusia hacia Letonia. Y la semana pasada se sentó para una entrevista con Ekaterina Gordeeva sobre su decisión, y el video está incrustado a continuación. Afortunadamente, las excelentes entrevistas de Gordeeva están siendo traducidas y transcritas por voluntarios capacitados, y simplemente puede activar los subtítulos en inglés a través del botón CC en Youtube.
La entrevista se destaca por explorar los problemas con los que todos los rusos pensantes están lidiando hoy, desde el simple "¿Me quedo o me voy?" a "¿Cómo me mantendré a mí ya mi familia?" a "¿Qué pasa con los que dejo atrás?" a "¿Son buenas o malas las sanciones?" a "¿Puedo volver alguna vez?" Khamatova es terriblemente articulada y honesta en sus respuestas y da una idea reveladora de con qué están luchando los intelectuales rusos, sobre cómo puedes amar a tu patria y dejarla, cómo puedes decirle la verdad al poder e ignorar los inevitables gritos de "traidor". "
"Hay dos formas de regresar a Rusia en este momento", dice Khamatova al principio de la entrevista, "dejar de hablar sobre el hecho de que esto es una guerra y una tragedia, no prestar atención, aunque no sé cómo". – ignorar lo que veo con mis propios ojos y lo que recibo de mis amigos ucranianos. Toda la información sobre lo que está pasando allí. Mentirme a mí mismo, mentir al resto del mundo. Vivir una vida que no es No es cierto. En el mejor de los casos, no me harán decir que lo negro es blanco. Básicamente, para volverme totalmente indiferente a los acontecimientos actuales. Para pedir perdón por no haber apoyado el inicio de la operación militar. Y simplemente para seguir las reglas que me han sido establecidas. Esta es mi única forma de regresar a Rusia sin ir a prisión".
Habla de cómo su decisión, cargada de consecuencias para su fundación, fue singularmente personal. "En el transcurso de los primeros 4 o 5 días", dice, "de alguna manera me di cuenta rápidamente de que solo puedes escuchar a tu propio corazón. Ahora solo soy yo. Soy responsable de todas mis acciones. Solo yo".
No fue hasta que ocurrió la invasión, dice Khamatova, que se dio cuenta de que Rusia no veía su fuerza en su bienestar, sino en la expansión territorial. Hasta el 24 de febrero, dice, "todavía pensaba que nuestro objetivo común era hacer de la calidad de vida el poder de nuestro país. Y no podía imaginarlo así hasta... hasta hace unos días".
También señala cómo las pasadas oleadas de emigración y los artistas perseguidos la apoyaron, recitando el poderoso poema de Osip Mandelshtam:
Por el estruendoso valor de los siglos venideros,
Por la noble tribu de la gente,
Estoy privado de las copas en las piras de mis padres,
De sus placeres, de sus marcas de estima.
Como un perro lobo, el siglo salta sobre mis hombros,
pero mi piel no es la piel de un lobo.
Ponme como un gorro en la manga
de un abrigo amarillo de piel de oveja de las estepas siberianas.
Para que no vea cobardes, ni suciedad superficial,
Ni los huesos ensangrentados en la rueda,
Para que los zorros azules en su belleza primitiva
Me brillen Toda la noche.
Llévame a la noche donde fluye el Yenisei,
Donde un pino alcanza una estrella,
Porque mi piel no es la piel de un lobo
Y mi boca no está torcida con falsedad.
Traducido por Peter Russell
“La gente muere con poemas como estos en los labios”, dice Khamatova. “Verás, para mí es al revés, me da fuerza”.
Cuando Gordeeva le pregunta qué deberíamos estar haciendo ahora, Khamatova dice que "en este momento, tenemos que detener la guerra. Pero si no podemos detener la guerra... debemos hacer todo lo posible para crear corredores humanitarios".
Anteriormente en la entrevista, ella responde a la misma pregunta con un consejo más amplio para aquellos que no están en posiciones de poder de decisión. "Si recordamos la teoría de las pequeñas acciones", dice, "ahora es el momento de las microacciones. Cualquier apoyo mutuo es importante: escuchar, aconsejar, calmarse, es muy importante. Solo para mantener todas las relaciones personales .Pase lo que pase, no se guarden rencores, eviten los conflictos… Estoy seguro de que cada pequeña ruptura que tengamos, cada agresión o queja vuela allá arriba y esparce oscuridad, y ahora mismo el equilibrio entre la luz y la la oscuridad es lo suficientemente frágil como es, así que no creo que debamos dejar que esta oscuridad se alimente de nuestra energía negativa. Ahora necesitamos difundir la luz".
En cuanto a cómo se debe responder a las sanciones (que Gordeeva señala que están creando grandes dificultades económicas para los rusos), Khamatova dice que no cree que este sea el momento de centrarse en eso, por difícil que sea: "ahora mismo decir en un diálogo, mientras hay guerra en Ucrania, mientras la gente literalmente muere, revisemos sus sanciones para asegurarnos de que no perjudiquen al pueblo de Rusia, creo que eso es imposible. Digamos lo que digamos, no seremos escuchados... , por mi parte, no puedo pensar en una opción en este momento para decir... 'piensa en la gente'. Las personas se olvidan, ese es siempre el caso en la geopolítica: las personas se olvidan. Los individuos, las personas no se consideran en esta fórmula. Primero, la guerra debe detenerse, ser escuchada".
Al final de sus entrevistas, a Gordeeva le gusta plantear una elección intratable de Hobson para sus invitados, y su esfuerzo con Khamatova (que es su amiga cercana; las dos escribieron un libro juntas) fracasa por completo. Sin embargo, es un momento muy poderoso, y Khamatova brilla.
"Tenemos una pregunta especial para ti: ¿patria o verdad?" pregunta Gordeyeva.
"No puedo responder a eso, Katya", responde Khamatova después de una larga pausa para contener las lágrimas, "porque significaría que veo las dos cosas como opuestas. Para mí, mi patria no es la gente que envió a otros a morir. Para mí, dentro de mi patria, hay una verdad también. Y conozco esa patria y esa gente que vive allí. La gente interviene con esta verdad, ellos son la verdad. Y les va a ser muy difícil ahora”.
Recomendamos encarecidamente la entrevista completa, incrustada a continuación
TODO ES DISTINTO de como tú piensas, de como yo pienso, la bandera flamea todavía, los pequeños secretos están todavía lúcidos, arrojan todavía sombras, de eso vives tú, vivo yo, vivimos. La moneda de plata en tu lengua se funde, sabe a mañana, a siempre, un camino a Rusia sube en tu corazón, el abedul carelio ha esperado, el nombre Osip viene a tu encuentro, tú le cuentas lo que ya sabe, él lo toma, te lo toma con las manos, tú le quitas el brazo del hombro, el derecho, el izquierdo, aprietas los tuyos en su lugar, con manos, con dedos, con líneas, —lo que se desgarró, se une al crecer de nuevo— ahí los tienes, tómalos, ahí los tienes a ambos, el nombre, el nombre, la mano, la mano, tómalos en prenda, él también lo toma y tú tienes de nuevo lo que es tuyo, lo que era suyo, molinos de viento te insuflan aire en los pulmones, remas por los canales, lagunas y cauces, a la luz de la palabra, en la popa ningún porqué, en la proa ningún adonde, un cuerno de carnero te eleva —Tekiah!*— como un sonido de tuba por encima de las noches hasta el día, los augures se dilaceran, el hombre tiene su paz, el dios tiene la suya, el amor vuelve a los lechos, el cabello de las mujeres vuelve a crecer, el botón invertido en sus pechos vuelve a aflorar, por las líneas de la vida, del corazón, se te despierta en la mano que subía por el camino lumbar, - ¿cómo se llama tu país detrás de la montaña, detrás del año? Yo sé cómo se llama. Como el cuento de invierno, así se llama, se llama como el cuento de verano, la-tierra-de-los-tres-años de tu madre, ése era, ése es, emigra por doquier, como la lengua, arrójala, arrójala, entonces la volverás a tener, como a él, al guijarro de la cuenca del Morava, que tu pensamiento llevó a Praga, sobre la tumba, sobre las tumbas, a la vida, ha tiempo que se fue, como las cartas, como todos los faroles, de nuevo tienes que buscarlo, ahí está, es pequeño, blanco, a la vuelta de la esquina, ahí está, en Normandía-Niemen, en Bohemia, ahí, ahí, ahí, detrás de la casa, delante de la casa, es blanco, blanco, dice: hoy - vale. Es blanco, blanco, un chorro de agua se abre paso a través, un chorro de corazón, un rio, tú conoces su nombre, las orillas están llenas de día, como el nombre, tú lo palpas con la mano: Alba Paul Celán
AUN PUEDO VERTE: un eco, palpable con palabras táctiles, en el filo del adiós. Tu cara se asusta suave, si de pronto lámpadamente esclarece en mí, en el lugar donde con el mayor dolor se dice Nunca.
Paul Celan “Compulsión de luz” Traducción de José Luis Reina Palazón
Cera para sellar lo no escrito, que tu nombre adivinó, que cifra tu nombre. ¿Ya vienes, oscilante luz? Dedos, de cera también, ceñidos por ajenos, dolientes anillos. Derretidas las yemas. ¿Vienes, oscilante luz? Vacías de tiempo las celdillas del reloj, nupciales las mil abejas, prontas al viaje. Ven, oscilante luz. Paul Celán
"He de decir unas palabras que he oído en el mar profundo,
donde tanto se calla y tanto acaece.
Abrí una brecha en las paredes y en los reparos de la realidad y me encontré ante el espejo de la superficie del mar. Tuve que esperar un rato hasta que se rompió y pude entrar en el gran cristal del mundo interior. Con la gran estrella baja de los descubridores desconsolados sobre mí, seguí a Edgar Jené por sus cuadros." Paul Celán Edgar Jené * Der blaue planet
Una corona fue trenzada con el follaje negruzco en la región de Akra: de allí arranqué sobre el caballo azabache en giro y arremetí contra la muerte con la espada. También bebí en cuencos de madera las cenizas de las fuentes de Akra y fui, con la visera abajo, a toda carga contra los escombros de los cielos. Porque muertos están los ángeles y ciego quedó el Señor en la región de Akra, Y no queda nadie, que me socorra en el sueño de los que aquí reposan. La luna fue resquebrajada en pedazos, la pequeña flor de la región de Akra: tan floreciente, semejante a las espinas, las manos con anillos oxidados. Así que al final debo inclinarme para el beso cuando rezan en Akra… ¡Oh maligna cota de maya de la noche, la sangre se filtra por sus argollas! Me convertí entonces en su hermano sonriente, el querubín de hierro de Akra. Así pronuncio el nombre todavía y todavía siento el fuego en las mejillas. Paul Celán
Ingeborg Bachmann (1926—1973) sitúa el fin de su niñez el día en que presenció la entrada de las tropas de Hitler en Klagenfurt.
La historia enseña pero no tiene alumnos— escribirá.
Intima de Anna Ajmatova y Paul Celan (con quien compartió el grupo del 47, referente inevitable para quien escriba poesía después de las atrocidades del siglo XX), lectora crítica de los filósofos Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein, la poesía de I. B indaga al lenguaje desde los límites mismos del lenguaje. Como si al confesionalismo simbólico de Sylvia Plath uniera la indagación política (en verdad presente también en la obra de Plath), humana y filosófica.
El fascismo no empieza –afirma– con las primeras bombas que se tiran... Empieza en las relaciones entre las personas. El fascismo es lo primero en la relación entre un hombre y una mujer.
Bachmann nació en Austria ( acuden palabras para todos. Pero este idioma no lo entiendo. // He visto el país de la niebla / He comido el corazón de niebla) y murió en Roma, según se dice por haberse dormido con uno de sus sesenta Gitanes diarios encendidos.
Creo realmente en algo a lo que llamo ‘vendrá un día’. Y un día eso vendrá. Sí, es probable que no venga... y sin embargo, creo en ello. Si no pudiera creer más, tampoco podría escribir más
Indagar al lenguaje y sus (im)posibilidades fue uno de las tónicas del siglo XX. Queda pendiente la pregunta que popularizó la frase de Theodor Adorno.
Cómo se escribirá después de Awschitz o después del Proceso Militar. Después de los totalitarismos que asolaron el siglo XX, tal vez último espacio para las vanguardias.
El nuevo siglo ha nacido y aún persiste la pregunta.
Los últimos días de Ingeborg Bachman no fueron precisamente plácidos. Drogas (del Seconal al Nembutal), cierta popularidad extraña en un escritor de sus características, que en verdad no la ayudó demasiado, desengaños (no te he perdido a ti sino al mundo) y creatividad.
Luego del éxito de sus libros, entre los que se destaca Invocación a la Osa Mayor, Ingeborg Bachmann renunció a la poesía. Estos versos, dedicados a su íntima Anna Ajmátova, algo nos dicen:
Hacer sostenible una única frase aguantar el ding dong de las palabras. Nadie escriba esta frase que no la firme.
Y algo dicen también estos versos escritos para su venerada Nelly Sachs:
No aclara. La palabra sólo arrastrará otras palabras, la frase otras frases. El mundo así quiere, definitivamente, imponerse, quiere estar dicho ya. No las digáis.
Y en un reportaje añade la siguiente declaración: Sigo sabiendo poco de poemas, pero entre lo poco, está la sospecha. Sospecha de ti lo suficiente, sospecha de las palabras, de la lengua, me he dicho muchas veces, ahonda esta sospecha —para que un día quizás, pueda originarse algo nuevo— o que no se origine nada más.
Ese es el aún no de Bachmann que nos interpela en tanto escritores. Transcribimos el poema de su renuncia a la poesía, escrito no mucho antes de la fecha de su muerte.
NADA DE DELIKATESSEN Ya nada me gusta. ¿Debo ataviar una metáfora con una flor de almendro? ¿crucificar la sintaxis como un efecto de luz? ¿Quién se romperá la cabeza con cosas tan superfluas—? He aprendido a ser sensata con las palabras que hay (para la clase más baja) hambre deshonra lágrimas y tinieblas. Con los sollozos no depurados, con la desesperación (y desespero de desesperación) por tanta miseria, por el estado de los enfermos, el coste de la vida, me las arreglaré. No descuido la escritura, sino a mí misma Los otros lo saben, dios lo sabe qué hacer con las palabras. Yo no soy mi asistente. ¿Debo aprisionar un pensamiento llevarlo a la iluminada celda de una frase? ¿Alimentar oídos y ojos con bocados de palabras de primera? ¿Investigar la libido de una vocal, averiguar el valor de amateur de nuestras consonantes? ¿Tengo que, con la cabeza apedreada, con el espasmo de escribir en esta mano bajo la presión de trescientas noches romper el papel, barrer las urdidas óperas de palabras, destruyendo así: yo tú y él ella lo nosotros vosotros? (Que sea. Que sean los otros.) Mi parte, que se pierda. Ingeborg Bachmann, ULTIMOS POEMAS. http://javiergalarzants.blogspot.com/2009/10/ingeborg-bachmann-una-forma-de-arder-en.html
En mis rodillas mutiladas se erguía mi padre, sobreponiéndose a la muerte se erguía allí, Mijailovka y el jardín de cerezos se erguían a su alrededor, yo sabía, dijo, que volvería así.
Nieve ha caído, sin luz. Una luna hace ya o dos que el otoño bajo el hábito de monje mensaje me trajo también a mí, una hoja de las laderas ucranianas: «Piensa que también es invierno aquí por milésima vez ahora en la tierra donde la más ancha corriente fluye: la sangre celestial de Jacob, bendita por hachas... Oh hielo de arrebol no terrenal - vadea su Hetmán con todo el séquito en los soles lejanos... niño, ay un paño, para envolverme dentro cuando destellen los yelmos, cuando el témpano, el rosado estalle, cuando nevoso espolvoree el esqueleto de tu padre, bajo los cascos se destroce el canto de los cedros.... Un paño, un pañito sólo, chico, que yo guardo ahora cuando aprendes a llorar a mi lado la angostura del mundo que nunca verdea, niño mío, para tu niña». Me sangró, madre, el otoño, me quemó la nieve: busqué mi corazón para que llore, encontré el aliento, ay, del verano, era como tú. Se me vino la lágrima. Tejí el pañuelo. Paul Celán
la palabra que leimos. Los años, las palabras desde entonces. Todavía somos nosotros. Sabes, el espacio es infinito, sabes, no necesitas volar, sabes, lo que en tus ojos se escribió, nos profundiza lo profundo. Paul Celán
...He yacido en la piedra, en aquel entonces, tú sabes, en las baldosas de piedra; y junto a mi yacían ellos, los otros, que eran como yo, los otros, que eran distintos y exactamente como yo, los hijos de hermanos; y allí yacían y dormían, dormían y no dormían, y soñaban y no soñaban y ellos no me amaban y yo no los amaba, pues yo era uno, y quién quiere amar a Uno, y ellos eran muchos, muchos más que los que yacían alrededor de mí, y quién pretende poder amar a todos, y, yo no te lo niego, yo no los amaba, a ellos, los que no podían amarme, yo amé la vela que allí ardía, en el rincón a la izquierda, la amaba porque ardía en derredor, no porque ella ardiera en derredor, pues ella era su vela, la vela que él, el padre de nuestras madres, había encendido, pues aquella tarde empezaba el día, un día, exacto, un día que era el séptimo, el séptimo al que debiera seguir el primero, el séptimo y no el último, yo amaba, no a ella, yo amaba su extinguirse, y sabes, no he amado nada más desde entonces; nada, no; o quizás lo que se extinguió como aquella vela en aquel día, el séptimo y no él último; no el último, no, pues aquí estoy, en este camino del que dicen que es hermoso, pues aquí estoy; junto al martagón y junto a la radicheta, y cien pasos más allá, ahí enfrente, hacia donde puedo ir, ahí trepa el alerce hacia el cembro y yo lo veo y no lo veo, y mi bastón, él ha hablado, ha hablado a la piedra, y mi bastón calla y hace silencio ahora, y la piedra, dices, puede hablar y en mi ojo cuelga el velo, el móvil, cuelgan los velos, los móviles, tú has levantado uno y ya cuelga el segundo, y la estrella -pues ya está ahora sobre la montaña- si quiere entrar deberá celebrar nupcias y ya no será lo que era sino mitad velo y mitad estrella, y yo sé, yo sé, hijo de hermano, yo sé, yo te he encontrado aquí, y hemos conversado, mucho, y los pliegues de allá, tú sabes, no es para los hombres que están ahí, y no para nosotros, que íbamos y nos encontramos, nosotros, aquí bajo la estrella, nosotros, los judíos, que veníamos como Lenz, por la montaña, tú Gross y yo Klein, tú el hablador, y yo, el hablador, nosotros con los bastones, nosotros con nuestros nombres, los impronunciables, nosotros con nuestra sombra, la propia y la ajena, tú aquí y yo aquí: -yo aquí, yo; yo, que puedo decírtelo todo, que podría habértelo dicho; que no te lo dice y no te lo ha dicho; yo con el martagón, yo con la radicheta, yo con la extinta; la vela, yo con el día, yo con los días, yo aquí y allá, yo, quizás acompañado ¡ahora!- del amor de los no amados, yo en camino hacia mí, arriba.
El día 20 iba Lenz por la montaña. Las altas cumbres y las cimas cubiertas de nieve; valle abajo, rocas parduscas, llanuras verdes, peñascos y abetos.
Hacía un frío húmedo, el agua murmuraba en su descenso por las rocas y salpicaba el camino.
Las ramas de los árboles se vencían por el peso en el aire acuoso.
Unas nubes negras avanzaban por el cielo, sin embargo todo tan denso y, además, la niebla desprendía vapor y atravesaba pesada y húmeda entre los arbustos, tan lenta, tan torpe.
Continuó andando indiferente, no le importaba nada del camino, ya fuera subir, ya fuera bajar.
No sentía el cansancio, lo único que a veces le resultaba molesto era no poder andar cabeza abajo.