Lo actualmente presente en el desocultamiento mora en él como en la abierta comarca. Lo que mora actualmente en la comarca (lo morador) surge en ella a partir del ocultamiento y llega al desocultamiento. Pero morando en la llegada, lo presente es en la medida en que también se ha marchado fuera del desocultamiento y se dirige al ocultamiento. Lo actualmente presente mora un tiempo en cada caso. Se demora en la llegada y la partida. Morar es el tránsito del llegar al partir. Lo presente es lo que mora un tiempo en cada caso . Morando como tránsito, mora todavía en la procedencia y mora ya en la partida. Lo presente en cada caso, lo actual, se presenta a partir de la ausencia. Esto es precisamente lo que hay que decir de lo auténticamente presente, que nuestro habitual modo de representar querría apartar de toda ausencia.
Hoy mientras estaba por cruzar la Avda Independencia me vi parada al borde de la calle; llevaba un piyama de pantalones rosa, y una campera verde.
Me di cuenta mientras esperaba el semáforo, que la mujer parada allí, era la misma que la niña de 5 años que iba caminando a la escuela, punta en punta por la tierra roja de los Antiguos, cuando iba de oyente a primer grado.
Tal vez lo recordé porque lo que más amaba entonces, era la hora de música cuando la profesora de enormes anteojos negros se sentaba al piano y lograba unas melodías que me hacían ver que la magia existía y aquella música era la muestra.
El aula donde estábamos paraditos, reunidos y cantando alrededor, casi sin llegar a las teclas, era tan rosa como mi piyama.
Me di cuenta de que, luego de las vueltas que he dado en la vida, las montañas que he escalado incansable una y otra vez, las lejanías transitadas, luego de todo aquello, al fin la mujer parada en la avenida era la misma.
Nada ha cambiado entonces, salvo que estoy por cumplir 60 años.
Mi interior es el mismo, la mirada: la misma.
Tal vez sea el problema, llevar por siempre a esta pequeña asombrada entre mis ojos.
Más allá del horizonte del lugar donde vivíamos cuando éramos jóvenes En un mundo de imanes y milagros nuestros pensamientos vagaban constantemente y sin límites el sonido de la campana de la división había comenzado
A lo largo del Gran Camino y por todo el paso ¿Aún se encuentran en ese lugar desconocido? Había un grupo de desarrapados que seguía nuestros pasos corriendo antes de que el tiempo nos quitara los sueños
Dejando atrás la miríada de pequeñas criaturas que intentaban atarnos al suelo A una vida consumida por la lenta decadencia
El césped era más verde la luz era más brillante Rodeados de amigos las noches eran llenas de maravillas
Mirando más allá de las cenizas de los puentes resplandecientes tras de nosotros un vistazo de cuán verde era el otro lado
Pasos hacia el progreso, pero retrocediendo otra vez arrastrados por la fuerza de alguna marea interior A gran altura, con la bandera desplegada alcanzamos las alturas etéreas de aquel mundo tan soñado
Abrumados para siempre por el deseo y la ambición hay un hambre aún insatisfecha Nuestros ojos cansados aún se pierden en el horizonte aunque ya hemos recorrido este camino tantas veces
La hierba era más verde La luz era más brillante El sabor era más dulce Las noches llenas de maravillas Rodeados de amigos
La brillante niebla del amanecer El agua corriendo El río interminable Por siempre y para siempre
Señor, ya es tiempo. Grande ha sido el verano. Tiende tu sombra sobre los relojes de sol, y desata los vientos por el campo. Haz madurar las frutas más tardías, dales dos días más de sur, fuérzales a acabar, y echa el último dulzor al vino recio. Quien ya no tiene casa, no la construirá. Quien ahora está solo, lo estará mucho tiempo. Velará, leerá, escribirá largas cartas e irá por los paseos, deambulando de un lado a otro, mientras las hojas caen.
HERBST
Die Blätter fallen, fallen wie von weit,
als welkten in den Himmeln ferne Gärten;
sie fallen mit verneinender Gebärde.
Und in den Nächten fällt die schwere Erde
aus allen Sternen in die Einsamkeit.
Wir alle fallen. Diese Hand da fällt.
Und sieh dir andre an: es ist in allen.
Und doch ist Einer, welcher dieses Fallen
unendlich sanft in seinen Händen hält.
Por la tarde, la ría, el sol, y un cementerio de trenes dejaba escurrir la vida entre hierro y escarcha.
Quise llevarme el trueno, las orillas del mar en su vaivén musical, olas subiendo y bajando entre las piedras, quise ser el agua y la tierra el sol abrillantado de la tarde.
El frío rompió mis manos, agujereó el afilado sentido del hueso, cementerio de trenes,
Me dijo que había que atarse firmemente que no pierda el eje; quise tomarlo con las manos mas puras, pero las endemoniadas no entendían.
Aún así resonaba en mi mente -lo que pide el poema- tanto que pregunté al fin cara a cara tú, qué quieres, vete, enloqueces mis breves neuronas desquiciadas;
no sé gritarle mas sombra
no poseo ni palabras que darle pero él insiste, a cualquier hora, indecente tanto tira de mí, no deja de escribirse; aún cuando emborrache una y otra vez (flamencos tus ojos oscuros de pie contra los míos) atestiguar lo que es, noche, sueño, mar, tierra, bahía, paraíso: lo que pide el poema
“La semilla del pensar de milenios recojo aquí/ de los griegos arcaicos y antes/ desde las hondas cavernas pintadas/ a golpe de antorchas en el fondo del tiempo:/ Lascaux, Altamira/ pues nada de esto es mío, no me pertenece. / Porque voy de la noche a la noche, /y pude intuir apenas en cada poema, / en cada verso, la sombra esquiva/ el inaudito límite/ de las formas eternas.”
AD
I
La poesía oscila entre el llano desolado de la falta y el gesto de melancolía. Y en cada segmento de arco del péndulo, acechando, la locura, frente a un mundo demasiado cuerdo.
II
La poesía jamás es mostrenca, sino una sutil y borrosa dama velada, entrevista en el delirio de la fiebre, siempre al otro lado de la vida.
III.
Ella es como la flecha del Arquero que nunca dispara. Así en la antigua parábola budista, y su eco en cierto sublime poema de Enckell.
IV.
Es la huella rumbo al mar de unas sandalias de Lidia que reflejaron un día nefasto los ojos de Safo. Y Castoriadis y Tate siglos y siglos después, soñando quizás en aquellos ojos de Safo, en la ignota voz de la Musa.
V.
Es, por supuesto, siempre el rosado extremo del pie delicado de Eurídice -la parte por el todo, en su eterno hundirse en la Sombra-
VI.
Es -nuevamente -, el dolor que petrifica el umbral -Heidegger sobre Trakl - El incesto con las palabras, la violación de la ley de los dioses. Y su castigo es, tras el silencio al fin del poema
VII.
Es el poso impalpable que queda después de una traducción, lo que deja fuera para siempre la lengua materna. Lítost.
Enterré la pala afilada en mi habitación. Afuera el viento soplaba. Afuera la lluvia cayó.
Cavé hondo en la tierra de mi habitación. Afuera estaba lloviendo. Afuera el viento sopló.
Saqué la tierra del foso por la ventana. Era negra esa tierra y era azul su cortina.
Sobre la ventana la tierra se irguió. Alta como cima del mundo y Jesús lloró.
Se rompió la pala cavando. Pero quien la había roto, Con sus reliquias de piedra, había sido el Padre mismo.
Así que volví en el tiempo, por donde había bajado. Y en mi habitación vacía volví a ser despreciado.
Quise entonces volver a la cima y subir a la cumbre. En el cielo había una estrella. En el cielo ya era tarde.
Între două nopţi
Mi-am împlântat lopata tăioasă în odaie. Afară bătea vântul. Afară era ploaie. Şi mi-am săpat odaia departe sub pământ. Afară bătea ploaia. Afară era vînt. Am aruncat pământul din groapă, pe fereastră. Pământul era negru: perdeaua lui, albastră. S-a ridicat la geamuri pământul până sus. Cât lumea-i era piscul, şi-n pisc plângea Isus. Săpând s-a rupt lopata. Cel ce-o ştirbise, iată-l, Cu moaştele-i de piatră, fusese însuş Tatăl. Şi m-am întors prin timpuri, pe unde-am scoborât, Şi în odaia goală din nou mi-a fost urât. iam voit atuncea să sui şi-n pisc să fiu. O stea era pe ceruri. În cer era târziu.