Dónde a qué paraíso inocente tus ojos claros, dulzura de mi infancia; pequeñas pequeñisimas nos reíamos juntas, divertidas, jugábamos a ser, felices; tu dulzura ahora dónde tu dulzura Estábamos tan lejos, y no reconocías ni mi nombre, pero tendimos un puente el amor regresaba a encontrarnos: ¡Menos mal que viniste a verme! ¿Vas a venir mañana? En la mirada, entre las manos, en la tibieza entre los días en el invierno en tu cocina, en la suavidad de las sábanas delicadamente blancas, en la torta de nuez en la mantequilla tibia en la plancha que armabas para mí en el jardín entre las rosas del jardín en el nombre de Alfredo en el cuidado de los retratos en la pulcritud de los vidrios en las perlas del collar el rojo carmesí de los labios tu sonrisa siempre tan hermosa ¡Menos mal que viniste a verme! ¿Vas a venir mañana?
Gracias por su carta —tan sincera. Gracias por estrecharme la mano —yo estrecho la suya.
Lo que me está pasando, perdóneme por volver a mencionarlo, es, créame, bastante único en su género. La poesía, como bien sabe, no existe sin el poeta, sin su persona —sin la persona—, y, verá, la mafia, la de la derecha y la de «izquierda», ha sabido unirse para aniquilarme. Ya no puedo publicar —han sabido aislarme, una vez más.
A ustedes —los exilian al país de los antiguos, pero les queda su verdadero país; en cuanto a mí, me redistribuyen y luego se divierten lapidándome con los pedazos de mi yo. No le sorprenderá que les diga que los primeros en haber «descubierto» esto son los pseudopoetas. Hay muchos entre nuestros «amigos» comunes, René Char. Muchos. —Desconfíe de quienes lo imitan, René Char. (Sé bien lo que digo, ay.)
Desde su nulidad, lo consideran una fuente de imágenes que suman para crearse una apariencia; no lo reflejan en absoluto; lo oscurecen.
Verás, siempre he tratado de comprenderte, de responderte, de apretar tu palabra como se aprieta una mano; y era, por supuesto, mi mano la que apretaba la tuya, allí donde estaba segura de no fallar el encuentro. En cuanto a lo que, en tu obra, no se abría —o no aún— a mi comprensión, yo respondí con respeto y con espera: nunca se puede pretender comprenderlo por completo —: eso sería una falta de respeto ante lo Desconocido que habita —o viene a habitar— al poeta; sería olvidar que la poesía se respira; olvidar que la poesía te aspira. (Pero ese aliento, ese ritmo —¿de dónde nos viene?) El pensamiento —mudo—, y es de nuevo la palabra quien organiza esa respiración; crítico (el pensamiento), se aglomera en los intervalos: discierne, no juzga; se decide; elige: conserva su simpatía —obedece a la simpatía.
Pero permíteme volver sobre mis pasos: me dices que has sabido crear el vacío en el que se precipitan y se matan tus enemigos —me alegro de verte tan fuerte, tan fortalecido. En cuanto a mi propio vacío, en cuanto al vacío que se ha sabido crear a mi alrededor, lo veo... generador de toda una raza de criaturas que no sabría nombrar. Y estas criaturas, las veo muy fértiles: se multiplican y se multiplican de nuevo; pues la Mentira sabe perpetuarse gracias a las «ninfetas» o, si no, por escisión.
Errancia, Exilio del Humano: de lo Verdadero... (Conozco a quienes le citan a St-John Perse y a su poeta “bilingüe” —: ahí, otra vez, creen poder procurarse un argumento para su vil duplicidad...) ¡Ah, esa capa de nieve de la que me hablan! Durante mucho tiempo la tuve. Pero la convertí en el mantel que mi esposa ponía sobre nuestra mesa —bien redonda— para acoger... ¡tantas encarnaciones del barro!
Recordamos tu primera visita, René Char, tu palabra inscrita en tu libro. Las hierbas se enderezan. El Corazón de la Segunda Olímpica está entre ellas, así como su arco.
ℙ𝕒𝕦𝕝 ℂ𝕖𝕝𝕒𝕟
Como ocurre con la mayor parte de la correspondencia de Celan, esta carta a R. Char es un archivo a descifrar. Mi agradecimiento a Lab De Poesía por este rescate.
Hay , sin embargo, algunas cuestiones -alusiones -, cuyo hilo puede seguirse. En primer lugar, la frase:
"(...) y, verá, la mafia, la de la derecha y la de «izquierda», ha sabido unirse para aniquilarme. Ya no puedo publicar —han sabido aislarme, una vez más. ", entiende uno se refiera a la incomprensión ante su obra y a algunas duras críticas recibidas por la citica literatura alemana -en forma señalada, de Johannes Bobrowski y a su lugar incomodo dentro del Grupo 47 -a excepción de Güunter Grass, quien lo llamaba "el amigo difícil", Todo y a pesar del Premio Geprg Büchner (1960). por supuesto de Ingeborg Bachmann, y de Hans Magnus Ensenzberger.
Por otro lado, cuando Celan escribe:
“No le sorprenderá que les diga que los primeros en haber «descubierto» esto son los pseudopoetas. Hay muchos entre nuestros «amigos» comunes, René Char. Muchos. —Desconfíe de quienes lo imitan, René Char. Sé bien lo que digo, ay.)” muy posiblemente la frase final aluda a la denuncia por plagio entablada en su contra por plagio por Claire Goll, pretendiendo que el gran poeta rumano habría plagiado a su marido, Yves Goll (m.) 1950. No conforme con lo cual, C. Goll inicia una campaña para desprestigiar públicamente a Celan.
Supuestamente, el matrimonio Celan y el matrimonio Goll eran "amigos" (¿???), e incluso Celan se había alojado en casa de los Goll.
Por otra parte, Claire Goll omite toda referencia a la denuncia en sus memorias.
En cuanto a este párrafo: "En cuanto a lo que, en tu obra, no se abría —o no aún— a mi comprensión, yo respondí con respeto y con espera: nunca se puede pretender comprenderlo por completo —: eso sería una falta de respeto ante lo Desconocido que habita —o viene a habitar— al poeta; sería olvidar que la poesía se respira; olvidar que la poesía te aspira. (Pero ese aliento, ese ritmo —¿de dónde nos viene?) El pensamiento —mudo—, y es de nuevo la palabra quien organiza esa respiración", refleja un aspecto esencial del altísimo pensador de lo poético que fuera -que es- Paul Celan, al abordar la intimidad de la relación entre la palabra del poema y la respiración. Pensar poetizante que cristaliza en Atemwende/ Cambio de aliento, publicado en 1967, cinco años después de esta carta; que ya como pórtico de entrada al poemario, nos remite a la metáfora del antiguo atleta griego -pensemos no solo en las Olimpiadas, sino en aquel lejano y tan cercano Esténtor-; y asimismo a los antiguos textos védicos: Atma Tattva (sánscrito: आत्मतत्त्व): "la verdad del ser"). Pues… ¿ Qué otra cosa expresa el poema?
Alex Drewes
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Referencias
Jean Bollack. Poesía contra poesía. Celan y la literatura. Madrid, Editorial Trotta, S.A., 2005.
Helmut Böttiger. Die Gruppe 47. Als die deutsche Literatur Geschichte schrieb. Deutsche Verlags-Anstalt München 2012.
Lo actualmente presente en el desocultamiento mora en él como en la abierta comarca. Lo que mora actualmente en la comarca (lo morador) surge en ella a partir del ocultamiento y llega al desocultamiento. Pero morando en la llegada, lo presente es en la medida en que también se ha marchado fuera del desocultamiento y se dirige al ocultamiento. Lo actualmente presente mora un tiempo en cada caso. Se demora en la llegada y la partida. Morar es el tránsito del llegar al partir. Lo presente es lo que mora un tiempo en cada caso . Morando como tránsito, mora todavía en la procedencia y mora ya en la partida. Lo presente en cada caso, lo actual, se presenta a partir de la ausencia. Esto es precisamente lo que hay que decir de lo auténticamente presente, que nuestro habitual modo de representar querría apartar de toda ausencia.
Hoy mientras estaba por cruzar la Avda Independencia me vi parada al borde de la calle; llevaba un piyama de pantalones rosa, y una campera verde.
Me di cuenta mientras esperaba el semáforo, que la mujer parada allí, era la misma que la niña de 5 años que iba caminando a la escuela, punta en punta por la tierra roja de los Antiguos, cuando iba de oyente a primer grado.
Tal vez lo recordé porque lo que más amaba entonces, era la hora de música cuando la profesora de enormes anteojos negros se sentaba al piano y lograba unas melodías que me hacían ver que la magia existía y aquella música era la muestra.
El aula donde estábamos paraditos, reunidos y cantando alrededor, casi sin llegar a las teclas, era tan rosa como mi piyama.
Me di cuenta de que, luego de las vueltas que he dado en la vida, las montañas que he escalado incansable una y otra vez, las lejanías transitadas, luego de todo aquello, al fin la mujer parada en la avenida era la misma.
Nada ha cambiado entonces, salvo que estoy por cumplir 60 años.
Mi interior es el mismo, la mirada: la misma.
Tal vez sea el problema, llevar por siempre a esta pequeña asombrada entre mis ojos.
Más allá del horizonte del lugar donde vivíamos cuando éramos jóvenes En un mundo de imanes y milagros nuestros pensamientos vagaban constantemente y sin límites el sonido de la campana de la división había comenzado
A lo largo del Gran Camino y por todo el paso ¿Aún se encuentran en ese lugar desconocido? Había un grupo de desarrapados que seguía nuestros pasos corriendo antes de que el tiempo nos quitara los sueños
Dejando atrás la miríada de pequeñas criaturas que intentaban atarnos al suelo A una vida consumida por la lenta decadencia
El césped era más verde la luz era más brillante Rodeados de amigos las noches eran llenas de maravillas
Mirando más allá de las cenizas de los puentes resplandecientes tras de nosotros un vistazo de cuán verde era el otro lado
Pasos hacia el progreso, pero retrocediendo otra vez arrastrados por la fuerza de alguna marea interior A gran altura, con la bandera desplegada alcanzamos las alturas etéreas de aquel mundo tan soñado
Abrumados para siempre por el deseo y la ambición hay un hambre aún insatisfecha Nuestros ojos cansados aún se pierden en el horizonte aunque ya hemos recorrido este camino tantas veces
La hierba era más verde La luz era más brillante El sabor era más dulce Las noches llenas de maravillas Rodeados de amigos
La brillante niebla del amanecer El agua corriendo El río interminable Por siempre y para siempre
Señor, ya es tiempo. Grande ha sido el verano. Tiende tu sombra sobre los relojes de sol, y desata los vientos por el campo. Haz madurar las frutas más tardías, dales dos días más de sur, fuérzales a acabar, y echa el último dulzor al vino recio. Quien ya no tiene casa, no la construirá. Quien ahora está solo, lo estará mucho tiempo. Velará, leerá, escribirá largas cartas e irá por los paseos, deambulando de un lado a otro, mientras las hojas caen.
HERBST
Die Blätter fallen, fallen wie von weit,
als welkten in den Himmeln ferne Gärten;
sie fallen mit verneinender Gebärde.
Und in den Nächten fällt die schwere Erde
aus allen Sternen in die Einsamkeit.
Wir alle fallen. Diese Hand da fällt.
Und sieh dir andre an: es ist in allen.
Und doch ist Einer, welcher dieses Fallen
unendlich sanft in seinen Händen hält.
Por la tarde, la ría, el sol, y un cementerio de trenes dejaba escurrir la vida entre hierro y escarcha.
Quise llevarme el trueno, las orillas del mar en su vaivén musical, olas subiendo y bajando entre las piedras, quise ser el agua y la tierra el sol abrillantado de la tarde.
El frío rompió mis manos, agujereó el afilado sentido del hueso, cementerio de trenes,
Me dijo que había que atarse firmemente que no pierda el eje; quise tomarlo con las manos mas puras, pero las endemoniadas no entendían.
Aún así resonaba en mi mente -lo que pide el poema- tanto que pregunté al fin cara a cara tú, qué quieres, vete, enloqueces mis breves neuronas desquiciadas;
no sé gritarle mas sombra
no poseo ni palabras que darle pero él insiste, a cualquier hora, indecente tanto tira de mí, no deja de escribirse; aún cuando emborrache una y otra vez (flamencos tus ojos oscuros de pie contra los míos) atestiguar lo que es, noche, sueño, mar, tierra, bahía, paraíso: lo que pide el poema
“La semilla del pensar de milenios recojo aquí/ de los griegos arcaicos y antes/ desde las hondas cavernas pintadas/ a golpe de antorchas en el fondo del tiempo:/ Lascaux, Altamira/ pues nada de esto es mío, no me pertenece. / Porque voy de la noche a la noche, /y pude intuir apenas en cada poema, / en cada verso, la sombra esquiva/ el inaudito límite/ de las formas eternas.”
AD
I
La poesía oscila entre el llano desolado de la falta y el gesto de melancolía. Y en cada segmento de arco del péndulo, acechando, la locura, frente a un mundo demasiado cuerdo.
II
La poesía jamás es mostrenca, sino una sutil y borrosa dama velada, entrevista en el delirio de la fiebre, siempre al otro lado de la vida.
III.
Ella es como la flecha del Arquero que nunca dispara. Así en la antigua parábola budista, y su eco en cierto sublime poema de Enckell.
IV.
Es la huella rumbo al mar de unas sandalias de Lidia que reflejaron un día nefasto los ojos de Safo. Y Castoriadis y Tate siglos y siglos después, soñando quizás en aquellos ojos de Safo, en la ignota voz de la Musa.
V.
Es, por supuesto, siempre el rosado extremo del pie delicado de Eurídice -la parte por el todo, en su eterno hundirse en la Sombra-
VI.
Es -nuevamente -, el dolor que petrifica el umbral -Heidegger sobre Trakl - El incesto con las palabras, la violación de la ley de los dioses. Y su castigo es, tras el silencio al fin del poema
VII.
Es el poso impalpable que queda después de una traducción, lo que deja fuera para siempre la lengua materna. Lítost.