Desde esta ventana me asomé un verano de julio a la tierra de mis antepasados.
Montealegre, Manzanal, el morredero, brezos, la ruta del Górgora, maragatos, San Juan de Montealegre. Desde esta ventana, raíces del Bierzo.
En el portal de Baldomera, el manzano había sobrevivido a los siglos cobijo de antiguas ramas, hasta encontrarlo resistiendo en la misma calle donde en mil novecientos tres
nació el abuelo Ángel,
hijo de Baldomera.
Llegar a Constantino; -se acordaba de ella- después de 100 años nos abrazó con su historia, sus cestas de mimbre, sus manos mineras.
Desde esta ventana vi el mundo por primera vez, desde entonces allí habito:
Nos atamos para nacer nos atamos fuertemente a un roca manos y piernas no éramos jesucristo pero nos atamos firmemente a un poste firme a la firmeza a los días martes y jueves a los vecindarios a los escrúpulos a los escapularios como quien teme un caído en guerra un estropicio en la caída. Nos atábamos en jugar en amar en cicatriz bastante como Odiseo en el mástil frente a las sirenas inquisidoras y nos atamos por sí con la fuerza de que somos parte. El viento soplaba la tormenta agitaba los mares el canto invisible y poderoso aguijonea nuestros oídos pero resistimos fuera de toda consideración resistimos estamos agotados y resistimos estamos apenados y resistimos estamos y resistimos apegados al mástil las sirenas los relámpagos la furia del mar en las tormentas. Sandra Figueroa
"Ser poeta es una especie de monacato. Vivirás durante años como un pozo de agua subterránea; y siempre conservarás la nostalgia de salir a la superficie un día, aceptarás esto con una gran modestia; y un día, un día cuando veas la luz del día sabrás retirarte a una orilla y mirar desde allí.
El poeta es un hombre de celda. No tiene vida propia."
Ilhan Berk La sangre del poeta
Nelly Sachs
LÍNEAS COMO
Líneas como cabello vivo levantado oscurecido de noche de muerte de mí hacia ti. Pescada afuera estoy inclinada al más allá sedienta por besar el fin de la lejanía. El atardecer arroja el trampolín de la noche sobre el rojo prolonga tu lengua de tierra y pongo mi pie vacilando sobre la cuerda que se estremece de la muerte ya empezada. Pero así es el amor…
Tras la puerta…
Tras la puerta pulsas la cuerda de la ansiedad hasta que llegan las lágrimas. En esa fuente te reflejas
Versión de Javier Tubía
ESTAMOS TAN HERIDOS…
Estamos tan heridos que creemos morir cuando la calle nos lanza una mala palabra. La calle no lo sabe, pero no soporta semejante carga; no está acostumbrada a soportar un Vesubio de dolores sobre ella. Han sido devastados los recuerdos de los tiempos antiguos, desde entonces la luz es artificial y los ángeles ya sólo juegan con pájaros y flores o sonríen en el sueño de un niño.
De Eclipse estelar Versión de Manuel Zubiría
Vladimir Holan
EN LA PROFUNDIDAD DE LA NOCHE
a Jaroslav Seifert
«¿Cómo no ser?», te preguntas y hasta acabas por decirlo en voz alta… Pero el árbol y la piedra lo callan , aunque ambos son hijos de la palabra y por tanto mudos, ya que la palabra se asusta de ver lo que ha sido de ella… Pero los nombres aún los tienen. Los nombres: pino, arce, álamo temblón. ..y los nombres: feldespato, basalto, fonolita, amor… Bellos nombres, sólo que asustados de ver en qué se han convertido.
Hablábamos de las mismas cosas, la muerte siempre pasea a nuestro lado, bellamente nos sonríe un luminoso amanecer. En el centro del corazón talla su puntal espinoso, su disparo certero se precipita en el cráneo, donde no sé si existo. (He visto otra vez subir las escaleras del tiempo hasta arribar hacia lo oscuro; y es un escándalo llegar con los ojos dormidos)
Las palabras no estaban hechas para violar la exactitud de un poema. sf Sur y Palabra (2011)
Voy hacia el muro. Las palabras no dichas reposan en el cálido templo de lo imposible. Estarse allí como un náufrago que olvida su nombre, como si fuéramos el mismo mar que habita al náufrago. Entonces, la tempestad no será el constante movimiento sino la exactitud, el destello de la vida.
En el último tiempo, en los últimos días del otoño, concomitante, el monstruo allí frente a mis ojos, desnudo y oscuro como todo monstruo.
Lo desafié por primera vez, lo llevé a la calle, a la luz, contra la espada lo puse frente a frente.
Estaba en mis propios ojos hundido y agazapado, esperando para dar su zarpazo su aguijón Con la inocencia en la mirada lo busqué. Lo enfrenté por primera vez, y estaba allí, contra el rincón de mi memoria. Acaso puedo tomarlo de mi mano pequeña,
llevarlo entre las calles.
Oh señor, tu voz es un espejo donde no mirarme. La vida tiene esas cosas, las nimias, las terrenas; hunden sus raíces en mi corazón
hasta hacerme sangrar.
No sé tu voz, tu boca,
tu oscura independencia atada a mi sueño; luego de aquel día, algo de paz llega a mi espíritu,
puedo respirar en silencio.
El monstruo desarma su estatura, limita ahora con el sur, ha perdido fuerza; no se fue, me recuerda cada tanto una cicatriz que atraviesa la mitad de mi sombra.
Tanto tiempo esperando la respuesta. Mis ojos desnudos tienen el poder
A fines de junio, viajé a Madrid, en medio cumplí 60 años; renacer en julio en el caluroso invierno de España.
Ha sido realmente una vuelta al sol en estos días, desde el frío invierno del sur al cálido verano de Madrid. Gracias al trabajo en Fuentetaja con Paloma de Landa, mi silencioso poema de 2013 resultó ahora una adaptación llena de voces, imágenes y sonidos, flamenco…
Un poema amanece literalmente. En otro país, con otras voces, con música, flamenco... y una nueva vuelta al sol...
Cómo olvidar, este poema escrito con la música que nos contagiaba Javier Galarza...
Perdón, Señor, nunca he sido feliz mi vida ha sido una pausa de angustia entre dos poemas Perdido en el bosque del tiempo no supe hallar el camino de regreso Jamás pude dar con la cifra perfecta ese oro destellando entre la escoria
Por eso Señor, no me busques mañana en esta casa vacía después de la huida de la Luna ni en las últimas estrellas me busques que flotan sobre el río como diademas de una reina antigua ni en la huella que en los roquedos se pierde me busques -pues ya no soy y acaso nunca he sido más que una sombra en el mundo
Perdón, Señor, porque bien sé lo que hago
Tilgiv mig, Herre
Tilgiv mig, Herre; jeg har aldrig været lykkelig. Mit liv har været en pause af angst mellem to digte Fortabt i tidens skov, kunne jeg ikke finde vej tilbage Aldrig fandt jeg det perfekte antal - det skinnende guld midt i slaggerne
Så, Herre, led ikke efter mig i morgen i dette tomme hus efter Månens flugt; led ikke efter mig blandt de sidste stjerner der flyder på floden som diademerne på en gammel dronning led ikke efter mig i det spor, der forsvinder ind i de klippefremspring - for jeg er ikke længere, og har måske aldrig været, andet end en skygge i verden
Tilgiv mig, Herre, for jeg ved udmærket, hvad jeg gør
Dónde a qué paraíso inocente tus ojos claros, dulzura de mi infancia; pequeñas pequeñisimas nos reíamos juntas, divertidas, jugábamos a ser, felices; tu dulzura ahora dónde tu dulzura Estábamos tan lejos, y no reconocías ni mi nombre, pero tendimos un puente el amor regresaba a encontrarnos: ¡Menos mal que viniste a verme! ¿Vas a venir mañana? En la mirada, entre las manos, en la tibieza entre los días en el invierno en tu cocina, en la suavidad de las sábanas delicadamente blancas, en la torta de nuez en la mantequilla tibia en la plancha que armabas para mí en el jardín entre las rosas del jardín en el nombre de Alfredo en el cuidado de los retratos en la pulcritud de los vidrios en las perlas del collar el rojo carmesí de los labios tu sonrisa siempre tan hermosa ¡Menos mal que viniste a verme! ¿Vas a venir mañana?
Gracias por su carta —tan sincera. Gracias por estrecharme la mano —yo estrecho la suya.
Lo que me está pasando, perdóneme por volver a mencionarlo, es, créame, bastante único en su género. La poesía, como bien sabe, no existe sin el poeta, sin su persona —sin la persona—, y, verá, la mafia, la de la derecha y la de «izquierda», ha sabido unirse para aniquilarme. Ya no puedo publicar —han sabido aislarme, una vez más.
A ustedes —los exilian al país de los antiguos, pero les queda su verdadero país; en cuanto a mí, me redistribuyen y luego se divierten lapidándome con los pedazos de mi yo. No le sorprenderá que les diga que los primeros en haber «descubierto» esto son los pseudopoetas. Hay muchos entre nuestros «amigos» comunes, René Char. Muchos. —Desconfíe de quienes lo imitan, René Char. (Sé bien lo que digo, ay.)
Desde su nulidad, lo consideran una fuente de imágenes que suman para crearse una apariencia; no lo reflejan en absoluto; lo oscurecen.
Verás, siempre he tratado de comprenderte, de responderte, de apretar tu palabra como se aprieta una mano; y era, por supuesto, mi mano la que apretaba la tuya, allí donde estaba segura de no fallar el encuentro. En cuanto a lo que, en tu obra, no se abría —o no aún— a mi comprensión, yo respondí con respeto y con espera: nunca se puede pretender comprenderlo por completo —: eso sería una falta de respeto ante lo Desconocido que habita —o viene a habitar— al poeta; sería olvidar que la poesía se respira; olvidar que la poesía te aspira. (Pero ese aliento, ese ritmo —¿de dónde nos viene?) El pensamiento —mudo—, y es de nuevo la palabra quien organiza esa respiración; crítico (el pensamiento), se aglomera en los intervalos: discierne, no juzga; se decide; elige: conserva su simpatía —obedece a la simpatía.
Pero permíteme volver sobre mis pasos: me dices que has sabido crear el vacío en el que se precipitan y se matan tus enemigos —me alegro de verte tan fuerte, tan fortalecido. En cuanto a mi propio vacío, en cuanto al vacío que se ha sabido crear a mi alrededor, lo veo... generador de toda una raza de criaturas que no sabría nombrar. Y estas criaturas, las veo muy fértiles: se multiplican y se multiplican de nuevo; pues la Mentira sabe perpetuarse gracias a las «ninfetas» o, si no, por escisión.
Errancia, Exilio del Humano: de lo Verdadero... (Conozco a quienes le citan a St-John Perse y a su poeta “bilingüe” —: ahí, otra vez, creen poder procurarse un argumento para su vil duplicidad...) ¡Ah, esa capa de nieve de la que me hablan! Durante mucho tiempo la tuve. Pero la convertí en el mantel que mi esposa ponía sobre nuestra mesa —bien redonda— para acoger... ¡tantas encarnaciones del barro!
Recordamos tu primera visita, René Char, tu palabra inscrita en tu libro. Las hierbas se enderezan. El Corazón de la Segunda Olímpica está entre ellas, así como su arco.
ℙ𝕒𝕦𝕝 ℂ𝕖𝕝𝕒𝕟
Como ocurre con la mayor parte de la correspondencia de Celan, esta carta a R. Char es un archivo a descifrar. Mi agradecimiento a Lab De Poesía por este rescate.
Hay , sin embargo, algunas cuestiones -alusiones -, cuyo hilo puede seguirse. En primer lugar, la frase:
"(...) y, verá, la mafia, la de la derecha y la de «izquierda», ha sabido unirse para aniquilarme. Ya no puedo publicar —han sabido aislarme, una vez más. ", entiende uno se refiera a la incomprensión ante su obra y a algunas duras críticas recibidas por la citica literatura alemana -en forma señalada, de Johannes Bobrowski y a su lugar incomodo dentro del Grupo 47 -a excepción de Güunter Grass, quien lo llamaba "el amigo difícil", Todo y a pesar del Premio Geprg Büchner (1960). por supuesto de Ingeborg Bachmann, y de Hans Magnus Ensenzberger.
Por otro lado, cuando Celan escribe:
“No le sorprenderá que les diga que los primeros en haber «descubierto» esto son los pseudopoetas. Hay muchos entre nuestros «amigos» comunes, René Char. Muchos. —Desconfíe de quienes lo imitan, René Char. Sé bien lo que digo, ay.)” muy posiblemente la frase final aluda a la denuncia por plagio entablada en su contra por plagio por Claire Goll, pretendiendo que el gran poeta rumano habría plagiado a su marido, Yves Goll (m.) 1950. No conforme con lo cual, C. Goll inicia una campaña para desprestigiar públicamente a Celan.
Supuestamente, el matrimonio Celan y el matrimonio Goll eran "amigos" (¿???), e incluso Celan se había alojado en casa de los Goll.
Por otra parte, Claire Goll omite toda referencia a la denuncia en sus memorias.
En cuanto a este párrafo: "En cuanto a lo que, en tu obra, no se abría —o no aún— a mi comprensión, yo respondí con respeto y con espera: nunca se puede pretender comprenderlo por completo —: eso sería una falta de respeto ante lo Desconocido que habita —o viene a habitar— al poeta; sería olvidar que la poesía se respira; olvidar que la poesía te aspira. (Pero ese aliento, ese ritmo —¿de dónde nos viene?) El pensamiento —mudo—, y es de nuevo la palabra quien organiza esa respiración", refleja un aspecto esencial del altísimo pensador de lo poético que fuera -que es- Paul Celan, al abordar la intimidad de la relación entre la palabra del poema y la respiración. Pensar poetizante que cristaliza en Atemwende/ Cambio de aliento, publicado en 1967, cinco años después de esta carta; que ya como pórtico de entrada al poemario, nos remite a la metáfora del antiguo atleta griego -pensemos no solo en las Olimpiadas, sino en aquel lejano y tan cercano Esténtor-; y asimismo a los antiguos textos védicos: Atma Tattva (sánscrito: आत्मतत्त्व): "la verdad del ser"). Pues… ¿ Qué otra cosa expresa el poema?
Alex Drewes
***
Referencias
Jean Bollack. Poesía contra poesía. Celan y la literatura. Madrid, Editorial Trotta, S.A., 2005.
Helmut Böttiger. Die Gruppe 47. Als die deutsche Literatur Geschichte schrieb. Deutsche Verlags-Anstalt München 2012.
Lo actualmente presente en el desocultamiento mora en él como en la abierta comarca. Lo que mora actualmente en la comarca (lo morador) surge en ella a partir del ocultamiento y llega al desocultamiento. Pero morando en la llegada, lo presente es en la medida en que también se ha marchado fuera del desocultamiento y se dirige al ocultamiento. Lo actualmente presente mora un tiempo en cada caso. Se demora en la llegada y la partida. Morar es el tránsito del llegar al partir. Lo presente es lo que mora un tiempo en cada caso . Morando como tránsito, mora todavía en la procedencia y mora ya en la partida. Lo presente en cada caso, lo actual, se presenta a partir de la ausencia. Esto es precisamente lo que hay que decir de lo auténticamente presente, que nuestro habitual modo de representar querría apartar de toda ausencia.
Hoy mientras estaba por cruzar la Avda Independencia me vi parada al borde de la calle; llevaba un piyama de pantalones rosa, y una campera verde.
Me di cuenta mientras esperaba el semáforo, que la mujer parada allí, era la misma que la niña de 5 años que iba caminando a la escuela, punta en punta por la tierra roja de los Antiguos, cuando iba de oyente a primer grado.
Tal vez lo recordé porque lo que más amaba entonces, era la hora de música cuando la profesora de enormes anteojos negros se sentaba al piano y lograba unas melodías que me hacían ver que la magia existía y aquella música era la muestra.
El aula donde estábamos paraditos, reunidos y cantando alrededor, casi sin llegar a las teclas, era tan rosa como mi piyama.
Me di cuenta de que, luego de las vueltas que he dado en la vida, las montañas que he escalado incansable una y otra vez, las lejanías transitadas, luego de todo aquello, al fin la mujer parada en la avenida era la misma.
Nada ha cambiado entonces, salvo que estoy por cumplir 60 años.
Mi interior es el mismo, la mirada: la misma.
Tal vez sea el problema, llevar por siempre a esta pequeña asombrada entre mis ojos.
Más allá del horizonte del lugar donde vivíamos cuando éramos jóvenes En un mundo de imanes y milagros nuestros pensamientos vagaban constantemente y sin límites el sonido de la campana de la división había comenzado
A lo largo del Gran Camino y por todo el paso ¿Aún se encuentran en ese lugar desconocido? Había un grupo de desarrapados que seguía nuestros pasos corriendo antes de que el tiempo nos quitara los sueños
Dejando atrás la miríada de pequeñas criaturas que intentaban atarnos al suelo A una vida consumida por la lenta decadencia
El césped era más verde la luz era más brillante Rodeados de amigos las noches eran llenas de maravillas
Mirando más allá de las cenizas de los puentes resplandecientes tras de nosotros un vistazo de cuán verde era el otro lado
Pasos hacia el progreso, pero retrocediendo otra vez arrastrados por la fuerza de alguna marea interior A gran altura, con la bandera desplegada alcanzamos las alturas etéreas de aquel mundo tan soñado
Abrumados para siempre por el deseo y la ambición hay un hambre aún insatisfecha Nuestros ojos cansados aún se pierden en el horizonte aunque ya hemos recorrido este camino tantas veces
La hierba era más verde La luz era más brillante El sabor era más dulce Las noches llenas de maravillas Rodeados de amigos
La brillante niebla del amanecer El agua corriendo El río interminable Por siempre y para siempre