En este jardín de paz
mi corazón es un barco
mi corazón es un barco
sin rumbo.
Por la tarde, la ría, el sol,
y un cementerio de trenes
dejaba escurrir la vida
entre hierro y escarcha.
Quise llevarme el trueno, las orillas del mar
en su vaivén musical, olas
subiendo y bajando entre las piedras,
quise ser el agua y la tierra
el sol abrillantado de la tarde.
El frío rompió mis manos,
agujereó el afilado sentido del hueso,
cementerio de trenes,
cielos del sur
Tierra,
habitable
pertenencia.
habitable
pertenencia.

Hermoso poema, Sandra. Sos muy buena poeta. Me gustan mucho, siempre hay un clima que nos conmueve, que nos llega en lo íntimo. Espero el libro.
ResponderBorrargenio Carlos Penelas! abrazo y mil gracias por tus palabras
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