20 sept 2026

No hay nadie aquí.



No hay nadie aquí. Lo dijiste cien veces.
La ruta tres se llevó las distancias,
pequeño corazón sin regreso.

Cuando quieras nombrar
tengo sustantivos lejanos, mesas ratonas,
sillones, puertas, camiones de mudanza.
La vida resumía toneladas de madera aglomerada,
tocadiscos, cables viejos de entel,
un pequeño bolso con poemas
sin título ni destinatario.
(Pablo, tinta verde, tinta roja,
y una brújula en el centro
incrustado de un pez violeta.)

Perdí mis ojos y mis manos.
Larga cabellera del viento arrojada hacia el sur.
Perdí mis piernas y mis brazos en alguna dictadura,
atravesados por la fiera palabra prohibida.

No teníamos nombre no teníamos.
No teníamos sed ni voz ni corazón
que endulzara como una píldora
para ensayar el día desde un principio.

                       Tu cuerpo mudo,
                       tu cuerpo herido en mil muertes
                       rodando sobre la autopista como una prostituta.

                       ¿Creerías aún en mis cenizas?


Sf
2011

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