Te dije que no nombraras suficiente sombra.
Ahora ha oscurecido y no encontramos
dónde quedó la llave de la luz.
Te dije que era peligroso si llovía
y un aguacero nos cubriría de diluvios por tu culpa.
Te lo dije pero no hacés caso.
hasta pulverizarla en su unidad de furia.
¡Y vos que dale!
¿No ves que el barro alcanza ahora nuestros zapatos
y no podremos salir de su simiente de lobo?
Es claro, muy claro.
El siglo nos sobrecoge despiadadamente
y ya todo lo hemos dicho.
Temblar;
leve transcurso
una hoja
cayendo hacia el vacío.
Sandra Figueroa