11 abr 2015

Ensayando



Creo que, como el Hilo de Ariadna, yace en el interior de cada uno la necesidad de decir, algo que no tiene palabras.
No existen aún en el lenguaje.
Una verdad pulsa por ser dicha. Ser cuerpo. Carne. Materia
Porque tal vez habite antes en la carne, viajando entre la sangre.
Y quema. 
Arde.
Creo que el escritor se lanza aguas arribas, navegando entre su lenguaje interior: una trama, un tejido, con el que va hilando levemente aquella mixtura; puntada tras puntada.
Un ovillo.
Hilando.
Tejiendo.
Poco a poco va acercándose a las míticas palabras que hacen el nudo trascendental que necesita ser dicho, tal  vez las palabras que vinimos a pronunciar.
Toda la vida lleva al escritor desentrañar aquel íntimo lenguaje.
Recorriendo caminos, lentamente transitando como Hansel y Gretel, piedrecitas que va dejando, señales para sí, por el sendero.
Los hilos haciendo la trama, dándole el pié hacia la palabra siguiente.
Cada vez más nítido, cada vez más cerca del centro, con la destreza de un torero, él tiene un frente a frente con su palabra, llegando, tocando, como un semblante, a las primordiales palabras.
Deja marca.
Hace marca.
Huella.


Luego ya nada falta




Sandra Figueroa



2 comentarios:

  1. Muriendo poco a poco, como el Minotauro que no se atreve a salir de su laberinto, para evitar la muerte o la soledad...

    ResponderBorrar
  2. En realidad, pensaba en algunos poetas, que hasta encontrar su propio lenguaje, recorrieron la vida, viviendo, enfrentando, también muriendo, hasta armar la obra, dejar esa trama, esas palabras..
    Gracias por leer y por tus palabras, DSBL, saludos !

    ResponderBorrar